Cineseña: Trilogía «Antes del amanecer»

Antes del amanecer es una película clásica de los 90, protagonizada por Jesse (Ethan Hawke) y Celine (Julie Delpy). Después de ver muchísimos fotogramas y pequeñas escenas inspiradas en esta película, supe que me gustaría: dos personas perdiéndose en una ciudad, queriéndose y reflexionando sobre ello.

En un tren camino a Viena, Jesse, un chico americano que se dedica a viajar por Europa y Celine, una francesa que vuelve a casa después de visitar a un familiar, se encuentran y comparten una comida en el vagón restaurante. Él tiene que coger un avión de madrugada y pretende pasar todo el día y toda la noche visitando Viena; ella seguirá su viaje en tren para volver a París. Pero justo al llegar, Jesse lanza una propuesta: ¿por qué Celine no hace una pausa en su viaje y le acompaña a visitar Viena? Un día y una noche para seguir conversando. Ella acepta; en el último momento cogen su equipaje y bajan del tren.

Así empieza el recorrido de esta pareja por una ciudad desconocida, una primera cita que se desenreda como un ovillo, preguntas y respuestas, un diálogo sin apenas pausa en el que los dos personajes se dan a conocer y opinan sobre diferentes aspectos de la vida, como la música, el amor, las relaciones familiares y cómo éstas definen quiénes somos, la conexión que tenemos con el mundo (especialmente en los años de juventud), los momentos del pasado que nos visitan en el presente y nos recuerdan que el tiempo no para, sobre aquellas cosas que dan sentido a la vida. Las horas pasan y el sol se pone, Jesse y Celine visitan tiendas de música, jardines, garitos, un parque de atracciones, todos los lugares donde la intuición los lleva. Es un día que les pertenece solo a ellos (porque nadie sabe que están allí, el uno con el otro, y ni ellos mismos eran conscientes de que un día así tendría lugar en sus vidas). La noche se cierne sobre ellos y les recuerda que en pocas horas tendrán que separarse y, probablemente, no volverán a verse nunca más. Eso deciden, porque mantener un contacto lejano y escaso es más deprimente que vivir con la idea de una noche especial que fue y punto. Justo antes del amanecer, Celine coge el tren que la llevará a casa, pero Jesse le lanza una propuesta: en seis meses, en ese mismo andén de Viena, volverán a encontrarse. 

«Si hay alguna magia en este mundo, debe estar en el intento de entender a alguien, de compartir algo. Ya lo sé, es casi imposible lograrlo, ¿pero a quién le importa, en realidad? La respuesta debe estar en el intento».


¿Llega a darse ese encuentro? La respuesta está en la secuela Antes del atardecer, en la que nueve años después se encuentran en París. Jesse es escritor y está promocionando su nueva novela, ella se entera y acude a la librería. Descubrimos que no se llegó a dar ese encuentro, a Celine no le fue posible acudir y no tuvo manera de contactar con él. Sin embargo, deciden pasar juntos el día en París, rememorando Viena y actualizándose el uno al otro de todo lo que ha pasado en sus vidas en esos últimos años.


La película sigue el mismo concepto que la anterior: un diálogo sin pausa de los dos personajes moviéndose por las calles de una ciudad Europea, tratando temas como el amor fatuo, las decepciones de la vida, el tiempo, la muerte, en este caso, desde el  punto de vista de los protagonistas ya siendo adultos. Ambos tienen una percepción menos soñadora de la vida, más realista, sobre todo Celine. 



En la última parte de la trilogía, Antes del anochecer, que se desarrolla pasados otros nueve años desde la anterior, conocemos que Jesse y Celine terminaron casándose y viviendo juntos en Francia, tuvieron dos niñas, se enfrentan a problemas de pareja como la crianza de los hijos, la conciliación de Jesse y su vida actual con la de su expareja y su hijo mayor.


Lo bonito de estas películas no reside tanto en la trama amorosa, que surge fruto de la casualidad de varios encuentros, sino del análisis del mundo, de la vida, del amor y su significado a través de la visión de estas dos personas tan diferentes. Cada encuentro es un momento aislado de la realidad, donde la conexión que se da entre ellos dos es lo que les eriza la piel y lo que realmente quedará en sus recuerdos.


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